Sobre la moderación de las mayorías

“Las desviaciones de los gobiernos son: la tiranía que lo es del reinado; la oligarquía que lo es de la aristocracia; la demagogia que lo es de la república. La tiranía es una monarquía que sólo tiene por fin el interés personal del monarca; la oligarquía tiene en cuenta tan sólo el interés particular de los ricos; la demagogia, el de las masas. Ninguno de estos gobiernos piensa en el interés general.”-Aristóteles
 
“La libertad política no se halla más que en los gobiernos moderados (…) cuando no se abusa de su poder; pero es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder se ve inclinado a abusar de él; y así lo hace hasta que encuentra algún límite. 
¿Quién lo diría? Hasta la virtud necesita límites.
Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por la disposición de las cosas,

el poder detenga al poder.”-Montesquieu
 
Creo que comparto con muchos la preocupación sobre dos cuestiones: 


1/La posibilidad de que la nueva mayoría absoluta conservadora en España cercene libertades recién estrenadas debido a la presión de su ala más radical, y que, por otro lado, distribuya las cargas económicas derivadas de la crisis sobre la clase media-baja y las capas sociales más desfavorecidas.



2/El devenir de la primavera árabe. Salvando las distancias entre las victorias electorales de los islamistas en las recién nacidas democracias del norte de África y la revolución iraní de 1979 (analogía que algunos medios se regocijan en esgrimir), no deja de resultar sin embargo una decepción que, cuando a un pueblo se le permite al fin elegir en libertad, opte por la vía más tradicionalista y cerrada.

 
 
Se debe contextualizar este resultado destacando que las dictaduras precedentes laminaron todo tipo de oposición laica, quedando los islamistas como única organización opuesta a la corrupción de los cleptócratas. Pero ese mismo papel lo había jugado el PC durante el franquismo y su techo apenas superó el 10% de los votos una vez desaparecido el dictador. La clave quizá está en el mecanismo mental que sustenta al puritanismo, y éste es un factor común a islamistas, mormones, al tea party/creacionistas, a judíos ortodoxos y a los ultracatólicos:
 
“A través de mi virtud, mi sacrificio, y mi observación de las reglas que nos son impuestas por un (supuesto) ente superior, me considero mejor que tú… lo que me da derecho a tratar de imponerte mi mismo modo de vida, ya que la opción de tolerar tu existencia en un marco fuera de mis normas me exaspera.”
 
Pues bien, acabamos de toparnos con que esta anacrónica forma de pensar puede llegar a ser mayoritaria en ciertos lugares, en pleno siglo XXI… o a influir sobre los gobiernos a través de una minoría tenaz e influyente (como en EEUU, y nuestro propio caso, de la mano de la Conferencia Episcopal).
 
Desde el profundo respeto a la democracia como el mejor de los sistemas puesto en práctica hasta ahora (con las deficiencias que hace tiempo vengo destacando en este blog), siento la necesidad de encontrar el mecanismo que ponga freno a los desmanes de las mayorías cuando éstas tengan la tentación de recortar las libertades de un colectivo (mujeres, homosexuales, gente con un sentimiento nacional común, etc.)
 
Rousseau ya distinguía entre volonté générale, que responde al bien común (libertad común e igualdad, que hoy en día toman forma en los derechos fundamentales recogidos en la declaración de los derechos humanos, y en las diferentes constituciones nacionales de las democracias igualitarias) y la volonté de tous que surge como simple agregado de las voluntades individuales, sin respeto por los citados derechos, y que adoptaría sus más grotescas formas en el ascenso del NSDAP al poder en 1933 con un programa abiertamente antisemita y liberticida… por mayoría.

 

¿Cuál ha de ser el contrapeso al pisón de las mayorías cuando éstas atentan contra los derechos de parte del pueblo?.  Dejo abierta la cuestión, aunque apunto la solución, que en el caso de los países árabes no pasa por el ostracismo internacional, sino que ha de surgir del propio pueblo, bien informado gracias a una prensa libre que fiscalice la acción del gobierno, concienciado en base a su progresiva educación en valores, y a su creciente implicación en política… lo mismo que a nosotros nos está costando décadas encajar.


Bajo estas premisas de madurez democrática, una opción política radical/sin ética igualitaria nunca mantendrá por mucho tiempo su mayoría, y es por esto que lo primero que coartan y manipulan los gobiernos de tendencias totalitarias sea la prensa, la educación, y las organizaciones opositoras. ¿El desenlace?, esperemos que sea positivo y quite la razón a los que agitan los fantasmas del fanatismo, a uno y otro lado del Mediterráneo.
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Por qué no necesito la religión

¿Cuál es es sentido de la vida?
Si me preguntas si existe una razón, un objetivo que mueva o motive nuestra existencia y la de la sociedad podría responderte desde la más pura y fría racionalidad (¿acaso no es éso lo que se espera de un ingeniero-robot?) describiendo la organización del conjunto y nuestro sitió en él… en definitva, la respuesta de una abeja tratando de alcanzar a comprender cómo funciona la colmena. Así, por ejemplo, las misiones de cada pieza serían:
  • Individuo productor-consumidor: especializarte y ser útil al Sistema, como premio verás tus necesidades cubiertas (donde hay premio hay castigo, si es que al despiadado Sistema no le resultas útil).
  • Empresa: identificar una necesidad y cubrirla, o mejor aún, crear una necesidad nueva y hacerla imprescindible. Perseguir el beneficio, optimizando los modos de producción: tener ideas e invertir en ellas en busca de la eterna renovación.  
  • Gobierno: escuchar el clamor del pueblo, tenerlo satisfecho y lograr su bienestar, porque si no, entre los frustrados los mejores te montarán un 15M, y los peores un Utoya. Que realmente impere la justicia es la mejor receta; otra opción es llegar a tenerlos adormecidos mediante panes et circenses.
Este es, simplificado, el ABC del “Sistema” tal y como está montado (no lo defiendo, sólo lo describo), con sus cosas buenas y malas. Nacerás, te educarás y encajarás en alguno de estos roles durante un tiempo. Luego te retirararás y finalmente desaparecerás, procurando mientras tanto haber colmado tu vida a tu manera… y todo segirá igual sin tí.

Pero seguramente esta respuesta no te valga, es un razonamiento demasiado prosáico. Si me preguntas con inquietud humanista por un sentido más profundo “…en definitiva ¿para qué todo?”, te respondería que para nada: en la naturaleza no hay un motivo o un prediseño para los sistemas complejos. El universo, la naturaleza, y la maquinaria social, nuestro gran hormiguero, evolucionan en realidad por sí solos. Hayek defendía el surgimiento expontáneo mediante prueba y error de sistemas tan compejos como el lenguaje, los ecosistemas naturales o nuestro propio sistema social, para defender que la no intervención del Estado es la mejor alternativa, yo sin embargo estoy en desacuerdo, creo que la panificación e intervención directa puede acortar los largos plazos asociados a estos procesos de ordenación del caos, y puede además paliar el sufrimiento asociado a la selección darwinista.

La humanidad navega montada en esta pequeña roca a empujones de progreso y tropezones de regresión. Los mejores productos de su avance son ciertos individuos, máximos exponentes de culturas fantásticas. Cuando éramos unos 250 millones de entre ellos salió un Pitágoras, un Confucio; de entre 300 millones surgió Arquímedes. Cuando éramos 350 millones tuvimos un Vitrubio, un Virgilio, o más adelante un Marco Aurelio, y muchos más cuyo legado ha sido borrado por los años oscuros. De una masa de 500 millones salieron Miguel Ángel y Leonardo, de 700 millones Leibnitz, Vivaldi o Newton, de 1.000 millones Beethoven, Goya, Gauss, etc., y así hasta nuestros días.

Todos ellos, de Marie Curie a Lady Gaga, son cumbres en la cordillera de nuestra historia y quizá dan el sentido subjetivo que buscas a la existencia de la humanidad, aunque repito, no debemos ser antropocéntricos… no somos el centro de nada… ni el asombro de un hipotético espectador externo que nos mira desde los cielos (salvo en el caso de Lady Gaga, capaz de dejar boquiabierto al más pintado). De existir este observador imparcial, seguramente la minúscula ordenación de materia en una célula eucariota, junto con todas sus posibilidades de especialización, le parecerán algo tan prodigioso como nuestra propia sociedad, porque este hecho biológico minúsculo es también asombroso comparado por ejemplo con la vasta simpleza de un sol en funcionamiento.

Este escepticismo, que puede parecer dar una visión desilusionada de la Vida, descrita como un hecho sin finalidad (¿un sinsentido?), no es ni mucho menos señal de algo así: si pasamos de hablar del pasado, presente y futuro de la Humanidad, a tratar sobre la existencia de cada individuo, en el agnosticismo, en el ateísmo humanista, puede haber tanto amor por la existencia como en cualquier religión vivida con pasión. Y ello sin necesidad de justificar que somos importantes para algo o alguien superior. Disfrutar de los mejores momentos, reconocerlos y valorarlos (nos los regalan nuestra gente, la familia, nuestros hijos), conocer nuevos lugares, cielos distintos, todo esto no es menos pleno por no esperar nada más allá de la muerte, sino que seguramente puede ser incluso más intenso por la consciencia de que los días, los minutos están contados, y por tanto han de aprovecharse al máximo.
Conviene recordarlo para que, quienes se apiadan de nosotros, los ateos, creyéndose mejores, no encuentren motivo de compasión, ahora que vienen a mi ciudad a exaltarse en eufórica comunidad. Por tanto, señores del JMJ, soy inmune a su proselitismo: les agradecería mucho que me dejasen en paz.

Dulce teocidio

_Papá, ¿Dios tiene calor ahí arriba, no pasa sed o hambre?
_No cariño, a Dios no le ocurre nada de eso, porque Dios no existe… a Dios lo inventaron los hombres, como tantas otras historias antiguas.
_¿Y por qué… para qué?
_Para poder seguir teniendo un papá cuando ya eran mayores, alguien que les cuidara… que les dijera lo que está bien y lo que está mal.
_Entonces, ¿los mayores no queréis crecer?
_Bueno… eso sólo les ocurre a algunos, crecer es bonito, pero no es fácil, ya lo verás.

fotografía: Chema Madoz