It’s the end of the world as we know it

… como en la canción de REM, o como en el cuadro-ficción gran galería del Louvre en ruinas.
 
El FMI pronostica que China sobrepasará a EEUU en 2015… económicamente, y quien dice EEUU dice “Occidente”: dos siglos después de la revolución industrial el mundo grecorromano/anglosajón va a pasar el testigo a Oriente, y pisando los talones llegan los BRIC, y los N11 o “next eleven”. 
Perder el liderazgo no debería significar una pérdida de bienestar en términos absolutos, pero ¿qué es bienestar?. Gran Bretaña cedió a favor de EEUU el primer puesto en escala PIB en algún momento previo a la I Guerra Mundial, y sin embargo sus ciudadanos vivían mucho mejor en 1928 que en 1900, pese a haber perdido la anhelada primacía. La extensión de la electricidad, el abaratamiento del transporte y las comunicaciones, las garantías sanitarias (en la alimentación), y la salubridad en viviendas y urbanismo (el agua potable desinfectada, el alcantarillado) pero ante todo médicas (penicilina, desarrollo de la cirugía), etc. dispararon la esperanza de vida, pues la técnica puso todo ello al alcance de la mayoría. Capítulo aparte merecen los avances sociales, con una influencia tan grande sobre la calidad de vida como la de los avances técnicos. 
En definitiva: estar peor que el vecino dista mucho de “estar mal”, y sobre todo está a años luz de “estar peor de lo que se estaba en el pasado-en comparación con uno mismo”. Y sin embargo hay toda una corriente literaria de la hecatombe#, desde dos perspectivas: la económica y la medioambiental, que se apoyan en dos miedos fundamentados: 
  1. ¿La prosperidad de Oriente ha de significar la penuria de Occidente? 
  2. ¿Puede el planeta aguantar el desarrollo de Oriente hasta los estándares de Occidente?
Evidentemente no pretendo resolverlas en este blog; tengo mi opinión, pero que cada uno se haga con la suya en base a la información de lecturas como las que reseño más abajo. Tan sólo diré que, respecto a la primera de las preguntas, capciosamente he comenzado diciendo que “pisando los talones tras China llegan los BRIC y los N11”, como quien habla de una carrera hacia el abismo… pero la vida no es siempre un sprint con oro-plata-bronce y por debajo el pelotón de “perdedores”, esa visión de confrontación ha de quedar atrás como parte del pasado darwinismo social. Los contraejemplos son muchos, y nos permiten afirmar no solamente que el mundo va innegablemente a mejor, sino que, cuanto más se extienda el bienestar, mejor nos irá a todos, pues las consecuencias son:
   El mercado aumenta: la prosperidad de Centroeuropa que en pocas décadas se ha hecho extensiva a Italia, España, Polonia, Hungría, etc., lejos de lastrar, ha impulsado al conjunto de socios de la UE.
   La libertad gana terreno*: el número de democracias se ha duplicado en  (mis) 35 años http://www.freedomhouse.org/images/File/fiw/historical/CountryStatusRatingsOverview1973-2011.pdf (87  regímenes democráticos entre los 194 países existentes en 2010, a los que habrá que añadir las celebradas incorporaciones de Túnez y Egipto, frente a tan sólo 40 democracias en 1976).

Respecto la segunda cuestión soy un optimista escéptico: tengo enorme fe en la ciencia- en la capacidad del ingenio humano para resolver problemas, pero dudo del hombre- de la capacidad (y voluntad) para llegar a consensos positivos. Hasta hoy la técnica nos ha salvado de un final Malthusiano: a finales del s. XVIII la demografía lúgubre predijo que para 1900 la humanidad desaparecería alcanzados los 2.000 millones de habitantes, pero los sistemas de producción y la ocupación de la mayor parte del suelo fértil han permitido llegar a 2011 con excedentes de producción y siendo 7.000 millones… es evidente que a día de hoy el problema del hambre en el mundo es un problema de gestión, un problema político y especulativo, y he aquí donde mi pesimismo hace saltar las alarmas. En definitiva, el planeta es finito, y nuestras necesidades desmesuradasa: al pico y declive de Hubbert podemos oponer más medios en I+D en busca de la fusión controlada, a la vez que una política de consumo racional y eficiente… o por el contrario más guerras por la última gota de petróleo, todo ello está exclusivamente en nuestra manos.
#un género que he comenzado a coleccionar:  
-La idea de decadencia en la cultura Occidental, de Arthur Herman (http://www.hislibris.com/la-idea-de-decadencia-en-la-historia-occidental-arthur-herman/) ¿cómo tienen tanto éxito las teorías del fin del mundo cuando el progreso es un hecho a la vista de todos ?
-Colapso, de Jared Diamond: toda sociedad-como toda especie y todo organismo-tiene una infancia, una plenitud, una decadencia y un final-¿por qué iba a ser nuestro mundo actual una excepción?, y, en cualquier caso, ¿en cuál de esas fases nos hallamos?
La obra de Ramón Fernández Durán (http://www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=Ram%F3n%20Fern%E1ndez%20Dur%E1n&inicio=0)
El imprescindible informe del MIT Los límites del crecimiento-encargado por el Club de Roma en 1972. Finalmente como contrapunto a tanto pesimismo, recomiendo el reciente Las culturas fracasadas, de José Antonio Marina, y tengo pendiente El ecologísta escéptico de Bjorn Lomborg que acaban de recomendarme (por lo visto bastante polémico entre los agoreros más “ultras”).
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*Uno de los aspectos que más preocupa  es que el liderazgo económico recaiga en  un país no democrático como de hecho es China, pero ¿por cuánto tiempo puede permanecer la población de un país próspero privada de libertad?; según enuncia José Antonio Marina “cuando una sociedad se libera de la pobreza extrema, de la ignorancia, del dogmatismo y del odio tribal, su inteligencia social evolucionahacia un sistema normativo que se caracteriza, al menos, por defender los derechos individuales, el rechazo a las desigualdades no justificadas, la participación en el poder político, las seguridades jurídicas, la racionalidad como modo de resolver conflictos, la función social de la propiedad y de las políticas de ayuda”. Costará, pero finalmente la democracia continuará extendiéndose y llegará por supuesto a China. No obstante, merece una entrada aparte valorar si las democracias actuales son el sistema óptimo de gobierno que-desde una visión eurocéntrica-sería deseable extender al resto de naciones… personalmente creo que adolecen de muchísimas carencias, y la historia así las juzgará (dos de las más graves: elegir a los decisores, cada cuatro años pero no poder participar en las decisiones a través de referendum… no ejercer ningún control sobre “los mercados” y las multinacionales cuando ambos sí lo ejercen sobre el empleo y las cuentas públicas).
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