Ciudad crocanti

Cuatro días en Budapest, una ciudad fantástica para quien, como yo, sea un fan de las ruinas. Dos millones de habitantes en 1900, y por tanto un centro histórico enorme, inabarcable en un par de días. La misma sensación de (vetusta) enormidad que en San Petersburgo. Tras esta ebullición constructora, unas cuantas décadas de semiabandono, y los mordiscos del tiempo dejan al descubierto cómo la arquitectura de entonces se basaba en la mayoría de los casos en recubrir una mole de ladrillo tosco con adornos de estuco… del mismo modo que el chocolate del helado crocanti recubre una masa uniforme de nata.

Cuando Madrid era una ciudad bastante provinciana, capital de un país pobre, estas dos ciudades europeas jugaban en una liga superior, la liga de los ricos de entonces, junto con Buenos Aires, Londres, Berlín, Nueva York, pero sobre todo, y por encima de todas, París, un espejo en el que parece que se miraba la segunda capital del Imperio Austrohúngaro (curioso entonces, que a los pocos años acabasen matándose entre sí en la Primera Masacre Mundial).

Bueno, que me ha encantado poder conocer, pasear y disfrutar (sobre todo en Pest) con mi chica, me alegro de no haber ido antes :-)

Arquitectura orgánica

…preparando una oferta me encuentro en el pliego la siguiente perla: “se primarán los procesos constructivos industrializados y estandarizados con bajo requerimiento de mano de obra”, bien es cierto que se trata de un pliego para obras de urbanización, pero esta misma premisa (de la mano del racionalismo) aplicada a la edificación es -como decía hace tiempo en la entrada Vintage– lo que acabó con la artesanía hace ya casi un siglo.

Bueno, ahí va un collage tipo Marta Murillo… siempre nos quedará poder disfrutar de las obras de arte del pasado, “con alto requerimiento de mano de obra especializada… y más requerimiento aún de horas de esfuerzo en su diseño”.

Las que elijo hoy -algo sobrecargadas, pero maravillosas- tienen más curvas que Giselle Bündchen. Para los amantes de la línea recta y de la construcción barata que vino después, recomiendo la exposición del Caixa Fórum “Construir la Revolución, arte y arquitectura en Rusia 1915-1935”, a mí me ha encantado (también por el estado de abandono y decadencia de muchos de los edificios, uno es así de raro).