Transformaciones

  

Como si desahogarme aquí me librase de algo, me anticipo a la turra que nos van a dar según se acerquen el 11S y el 27S, fechas que no tendrían el significado que están adquiriendo si se hubiese permitido una consulta independentista en Cataluña con normalidad británica o canadiense hace ya tiempo.

Hay quien se rasga las vestiduras ante esa posibilidad. Yo no, la verdad, y además doy por hecho que, llegados a este punto, saldrá el sí (por reacción empecinada ante las negativas previas). En parte pienso así porque yo también quisiera independizarme de unos gobiernos centrales conformados por mediocres, tanto uno como otro, y que no tiemblan al cargar a las magras arcas públicas desastres bancarios y rescates de obras mal planificadas -como las radiales, la plataforma Castor, o el canal de Panamá- al estilo La Escopeta Nacional, vaya. Sin embargo este argumento del mal gobierno central se desmorona al ver la realidad de Cataluña, gobernada por el anterior delfín de un corrupto que dice no haberse enterado de nada, y militante de un partido cuya sede está embargada. ¿Será que piensan, “puestos a robar, que nos roben los nuestros”? demasiado patético todo.

Puede que los independentistas catalanes tergiversen la historia y emponzoñen su sistema educativo con interpretaciones sesgadas, puede que padezcan (y practiquen) la corrupción y el mal gobierno como el resto, y que ejerzan un intento de centralismo sobre el patrimonio cultural de Valencia y Aragón tan depredador como el que denuncian de Madrid, además sus demandas están basadas sin duda en una insolidaridad territorial similar a aquella de la que acusan a Alemania y Holanda cuando éstas se resisten a soportar al sur mediterráneo (y esto incluye a Cataluña), acusándolo con moralina de despilfarrador y bon vivant. Al final los nacionalismos son cuestiones de pasta disfrazadas de “hecho diferencial”. 

Con todo ello, tienen derecho a decidir.

¿Será esto un síntoma del colapso que preconizan los divulgadores del peak oil: una señal más de la descomposición social inevitable ante el oxímoron del crecimiento económico eterno? ¿o, salvado el trance, la tierra girará sin más como tras las “pérdidas” de 1898, 1956 y 1976, con la única diferencia de que España y Cataluña se habrán situado un escalón por debajo de lo que representan juntas? En todo caso, si en el resto del país esto no gusta, non fotis: ¡haberse currado más motivos para hacerles sentir orgullos de ser españoles!

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