2 de mayo

Otro año más celebramos el levantamiento contra los franceses. A grandes rasgos, el nacionalismo reaccionó contra un rey extranjero ilustrado, iniciando una lucha de 5 años a favor de un rey español que a fin de cuentas fue uno de los peores que nos ha regalado la historia. Puedo entender la cazurrez de 1808, la rebelión de un pueblo manipulado por la iglesia contra los hijos arrogantes de la Revolución Francesa y contra el nuevo rey masón y demoledor de iglesias y conventos. Pero no se entiende la exaltación nacionalista 200 años después, cuando con perspectiva histórica vemos a todas luces que a los españoles de entonces les hubiera ido mejor dejándose gobernar por el bienintencionado José I, cuyas ideas liberales y modernizadoras eran, a fin de cuentas, mucho más beneficiosas para el país que las de Fernando VII, que lo primero que hizo en cuanto tuvo oportunidad fue reinstaurar la Inquisición. 

Nada, sigamos festejando.

Por último, ¿nadie ve incoherencia entre defender por un lado la independencia de Francia (que nunca se llegó a anexar el país, sino que únicamente intervino para deponer a los borbones -previamente ya sumisos a los intereses de Napoleón- y poner a cambio un rey de origen plebeyo) y  por otro lado lamentar al mismo tiempo la emancipación de América que se inició a raíz de aquellos acontecimientos? ¿es que ensalzamos solo un tipo de “libertad nacional”, la propia?

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1 de mayo

  

Primero de mayo de 2015, día del trabajador; desaparecida hace décadas la consciencia de ser clase proletaria, algo propio de una desvanecida economía industrial, nos queda ser clase media en una economía de servicios… ¿Sí? ¿nos queda eso?

Vista la cuestión laboral desde España, un país medio entre los desarrollados: existen cinco estratos de trabajadores, como en una pirámide trófica. De mayor a menor seguridad en su situación laboral, de mayor a menor cobertura ante imprevistos:

  1. El funcionario
  2. El trabajador por cuenta ajena con contrato de duración indefinida
  3. El trabajador por cuenta ajena con contrato temporal
  4. El autónomo
  5. El desempleado

La crisis ha supuesto que cientos de miles de personas hagan el recorrido de 2 a 3, o a 4, pasando por la casilla número 5. La solidaridad familiar soporta a los que, queriendo trabajar, siguen en 5. Clase media menguante, conversaciones esquivas, 

    _¿Qué tal? 

    _Vamos tirando.

¿Resignación o cabreo? abre los ojos: vives peor que tus padres, pero mejor de lo que lo harán tus hijos.

Eso sí, vista desde un país subdesarrollado la queja de occidente parece el lloriqueo de un niño caprichoso: los últimos ahogados en el Mediterráneo venían a Europa deseando trabajar, y disfrutar de un fragmento de nuestro nivel de vida. Están a nuestro alcance prendas de ropa a 20€ gracias a la explotación de trabajadores en Asia, a menudo niños; compramos con un par de euros un kilo de café o de azúcar, y al agricultor en Iberoamérica solo le llegarán unos pocos céntimos. Disfrutamos de mil objetos cuya fabricación ha contaminado aguas lejanas y un aire que respirarán los hijos de otros, ¿vamos a renunciar a nuestro coche por evitar el fracking o el calentamiento global? sé que no, mandaremos ejércitos a donde sea por mantener esos 45 esclavos energéticos trabajando para cada uno de nosotros.

Lograr el bienestar para el conjunto de la humanidad, crear una clase media mundial con los derechos sociales y el nivel de prosperidad occidental es un fin deseable, pero también una quimera: los recursos no llegan, el planeta no lo aguantará. Cítame un país donde la actividad humana esté en equilibrio con el medio ambiente: hacia esos estándares de consumo debemos tender.