Ráfagas

Veo recogida por escrito una antigua reflexión propia en este estupendo artículo de Antonio Muñoz Molina sobre la edad de oro de la fotografía: hay periodos de brillantez en la historia de la creatividad humana que resultan ser irrepetibles, pero que desgraciadamente estuvieron demasiado limitados en el tiempo, y que además finalmente fueron sucedidos por épocas menos brillantes para sus respectivos campos.

La música barroca y clásica es un ejemplo: en apenas algo más de un siglo, entre 1700 y 1830, se componen las páginas más sublimes del género. Hoy en día la mayoría de los talentos musicales se derivan hacia el pop, y la orquesta sinfónica, o bien vive de las rentas de aquel periodo magnífico, o bien se ha refugiado en el cine, (pues en mi opinión son los compositores de bandas sonoras los que recogen el testigo de Händel o Haydn, y no los estridentes compositores contemporáneos de vanguardias efímeras como los experimentos de música atonal del s XX).

En pintura el maravilloso periodo del impresionismo aún duró mucho menos: aproximadamente de 1870 a 1890. Por cierto: muy recomendable la exposición de la fundación Mapfre que tenemos en Madrid hasta Mayo.

En arquitectura y artes decorativas el modernismo/art nouveau/jugendstil (que, de todos modos, nunca pasó de ser una corriente minoritaria símbolo del apogeo de la artesanía en la edificación) apenas brilla durante 30 años, de 1890 a 1920, antes de ser barrido por el racionalismo y la industrialización de los materiales y de los procesos constructivos.

Todos estos flashes de genialidad e inspiración compartidas me provocan una sensación de agradecimiento por habernos legado sus frutos, pero también de pesar por haber durado tan poco.

Entrevista a Guadalupe Echevarría, directora de la escuela de artes de Burdeos: “lo fundamental del arte contemporáneo es no comprender nada, vaciarse totalmente para inventarse a sí mismo” ¿¿¡!??

¿Qué obras nos habremos perdido debido a los cambios de corriente en el océano mental de las modas?. Expresionismo, música dodecafónica, arquitectura brutalista… ¿mereció la pena derivar hacia nuevos rumbos que en ocasiones acabaron por llevarnos hacia aguas tan fatuas y en realidad mediocres?, pero sobre todo… ¿desde cuándo me he vuelto tan conservador? …¡si casi acabo hablando de “arte degenerado“! :-P

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Trabajo

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Leyendo las memorias de Tony Judt, me encuentro con el siguiente párrafo:
“seguimos estando subyugados por la noción, propia de la era industrial, de que nuestro trabajo nos define, pero hoy esto es manifiestamente incierto para la mayoría de la gente (…) la mayoría de los trabajos son una pesadez: ni te enriquecen ni te hacen disfrutar. Aun así (como nuestros predecesores victorianos) volvemos a contemplar el desempleo como una condición vergonzosa: algo senejante a un defecto de carácter”

En verdad nuestra relación con el trabajo es contradictoria: cuando no lo tenemos nos angustia no solo la falta de ingresos, sino también la “falta de realización” de nuestro “proyecto personal”… dramatizando un poco, nos vemos frustrados como ciudadanos. Pero tener empleo tampoco es la panacea, independientemente de lo mucho que nos pueda gustar nuestra profesión, siempre preferiremos los fines de semana, el “tiempo libre” frente al “tiempo no libre” (¿”tiempo esclavo” sería el antónimo?).

Y a pesar de ello ¿por qué tiene el trabajo tan buena reputación?, ¿cómo ha logrado su sitio en el olimpo de los valores más conservadores (aquel “travail, famille, patrie”, lema de la Francia de Vichy) defendidos (paradójicamente) hasta por las clases más humildes?

Para abordar este y otros asuntos Marx comienza El Capital (1867) retrotrayéndose al paso del paleolítico al neolítico, entonces nace el concepto de propiedad, pero también el de trabajo, y su antítesis: el ocio. El hombre pudo dejar de deambular por ahí en busca de caza gracias a que la ganadería y a la agricultura cambiaron el mundo. Los mesopotámicos consiguieron que el esfuerzo de unos pocos pudiera generar alimento para el resto: sobre el excedente de tiempo disponible nacen la especialización, los oficios… los trabajos no manuales, la reflexión remunerada o la enseñanza, pero también la dominación de unos sobre otros, las clases “parásitas”: religiosos y nobles, apoteosis de los ociosos, a los que la revolución francesa y la industrial cortaron la cabeza. El capitalismo no acepta lastre a bordo.

Trabaja para integrarte, “¿qué quieres ser de mayor?, ten en cuenta que el resto no estamos aquí para mantenerte a cambio de nada, algo tendrás que ofrecer”. Los prejuicios contra quienes en la actualidad no se mimetizan como un engranaje más de la maquinaria se extienden a todas las capas sociales: tener un trabajo de 8 a 7 a cambio de un sueldo de 14 pagas uniformes otorgadas por el mismo empleador a lo largo de décadas ha sido hasta ahora sinónimo de vida ordenada, y la llave para pertenecer a la clase media occidental:

“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos baratos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones”…memorable comienzo de Trainspotting

Pero abramos los ojos: en verdad el esfuerzo está sobrevalorado, lo que deberíamos aplaudir es la creatividad. En 1880 Paul Lafarge, yerno de Marx, publica Derecho a la Pereza. En él describe el trabajo como una herramienta de dominación de las clases altas hacia las bajas, y prevé un futuro lleno de oportunidades para la realización personal a través del ocio y el tiempo libre. Mientras, yo he procurado seguir una máxima: “dedicate a aquello que harías si te hubiese tocado la lotería“, en mi caso el urbanismo me ha proporcionado esta sensación, pero también he tenido otros trabajos en los que no siempre he logrado sentirme así, está claro… y ni siquiera creo que esté al alcance de todos, ya que hay gustos personales de difícil encaje con lo que la sociedad considera “útil” o remunerable.
A pesar de todos sus dramáticos inconvenientes, creo que esta crisis está trayendo algo bueno: ante el colapso de los empleadores tradicionales mucha gente está reorientando su actividad (forzosamente, pero con grandes dosis de imaginación) hacia actividades que quizá cuadran mucho mejor con lo que siempre les hubiera gustado hacer.

La sociedad encumbra al emprendedor que logra salir adelante diversificando sus fuentes de ingresos gracias a innovaciones como el crowdworking, al tiempo que se agudiza la inquina envidiosa contra el funcionario que es inmune a la fusta del miedo al despido. Es el fin de la seguridad, pero no de la laboriosidad.

En realidad tendríamos que desconfiar de ambos outsiders: los ácratas perroflaúticos por un lado, y los workaholic por otro. Respecto a estos últimos es bastante divertido lo que opinaba el general Helmult Von Moltke: “A los oficiales del Estado Mayor los divido en cuatro categorías: los inteligentes, los estúpidos, los trabajadores y los vagos. Cada uno posee dos de estas cualidades. Aquellos oficiales que son inteligentes y trabajadores son idóneos para los más importantes cargos del Estado Mayor. Se puede emplear también a los estúpidos y los vagos. Sin embargo es el hombre que sea al mismo tiempo inteligente y vago el que es apto para las más altas funciones del comando, porque tiene la naturaleza y sangre fría necesarias para hacer frente a todas las contingencias. Pero quien sea simultáneamente estúpido y trabajador constituye un grave peligro, y debe ser inmediatamente relevado.”

En realidad la historia está llena de vagos geniales que han logrado a menudo encontrar la manera de llevar a cabo el trabajo con menos esfuerzo… progresamos a golpe de siestas inspiradas, de reflexiones contemplativas, de buscar con ingenio el modo de ejecutar la misma tarea con menos dedicación.

Desde hace un par de siglos la ingeniería viene sustituyendo y multiplicado la fuerza del músculo por la de la máquina para arar, tejer, desbrozar, excavar, edificar, transportar…

Hoy en día el debate es si las máquinas sustuirán al hombre en todo tipo de funciones “intelectuales”, incluído el arte …¿cuál será nuestro papel entonces?