Vidas peculiares

Últimamente me ha dado por leer biografías en la wikipedia -síntoma de lo mala que es la programación de la tele- y resulta que el gossip del siglo XIX da para plantear alguna adivinanza interesante:

K se pasó toda la vida tratando de explicar la historia en base a las circunstancias materiales que influían sobre la sociedad. Como paso previo a la desaparición final de los estamentos defendía un futuro controlado por los trabajadores, es más, lo pronosticaba. Pero sin embargo hacía lo posible por desmarcarse de esa clase social: se casó con una baronesa, con la que tuvo tres hijas, y a pesar de no tener un real (como todo intelectual bohemio que se precie), no prescindió de tener dos personas a su servicio: un secretario, con quien por falta de espacio se veía obligado a compartir cama, y una criada a la que en un descuido acabó dejando embarazada. Se lo podía permitir gracias al dinero de F, su gran amigo, curiosa dualidad de rico empresario y comunista, uno de los mayores ejemplos de generosidad material e intelectual que pueden imaginarse… hasta tal punto que llegó a reconocer como propio a aquel hijo de K con la criada. Además por otro lado F al morir donó gran parte de su fortuna a Laura, una de las hijas supervivientes de su amigo K (según la tónica de los tiempos el matrimonio había tenido 6 hijos de los que sólo llegaron a adultos la mitad). Alguien tenía que heredar el patrimonio de F, ya que él nunca se casó, eligiendo ser usuario durante toda su vida de amores mercenarios, meretrices o prostíbulos, way of life de tantos otros personajes célebres como Pío Baroja o Galdós.

A estas alturas queda claro que Karl se apellidaba Marx, y que Friedrich es Engels.

La citada Laura Marx, antes de acabar sus días mediante un doble suicidio pactado con su marido al cumplir ambos los 69, nos da el vínculo con España, pues se casó con Paul Lafargue, un revolucionario cubano amigo de Pablo Iglesias, ese pobre cuya lastimosa biografía es propia de un relato de Dickens: su madre y él -con 9 años- emigraron ¡a pie! de Galicia a Madrid, enviando por delante al hermano menor de Pablo en carreta, quien de todos modos acabó muriendo de tuberculosis al poco tiempo. Una vez en la capital, sin el amparo del tío que les iba a alojar (pues allí se encontraron con que había fallecido sin que la noticia les llegase a El Ferrol), la situación se volvió tan precaria que Pablo acabó ingresando en un horfanato con su madre en vida (y siendo castigado cada vez que se escapaba para verla).

Bueno, lo dejo aquí, quizá siga este hilo avanzando en el tiempo… se me ocurre hacer relación de otros personajes que ignoraron y ocultaron a alguno de sus hijos, lo que no les impidió pasar a la historia rodeados de un aura de santidad icónica: Albert Einstein y John Lennon, verbigratia.

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