La lacra

Ella lo era todo para él.
Él era todopoderoso para ella.
Él quería ocultar su tristeza, protegerla, guardarse para él su sufrimiento, mantenerla feliz.
Ella era sagaz, y nada se le escapaba, tampoco la pena de su padre.

Escribo esto en el aeropuerto, camino de París, donde pasaré una semana por trabajo, valorando cada día eso mismo, el tener trabajo. No me merezco menos, después de una carrera larga y dura, y diez años de experiencia no siempre cómodos, como tampoco se merecen menos mis compañeros en el paro. Maldita epidemia asfixiante.

Mi hija nació en un país con un llevadero 16% de IVA, con una extensa trama empresarial que había tardado décadas en formarse, con unos servicios sociales que, si bien estaban lejos de los G-4 de la UE, ya los quisiera un norteamericano de clase media-baja para su país. Hoy, tan sólo dos años más tarde, todo eso ha sido desmantelado, y nos cuentan que aquello era “vivir por encima de nuestras posibilidades”. Parece que nos dieron un caramelo, y ahora nos lo quitan por desobedientes, por despilfarradores, cuando nuestras cuentas públicas estaban y están mucho más saneadas que las privadas, así que muchos sostenemos que tanta responsabilidad tiene quien presta dinero a ciegas, como quien lo pide prestado haciéndose el cuento de la lechera inmobiliaria.

Que dejen caer a los bancos españoles irresponsables, que arrastren a la banca extranjera, y que el estado no asuma más deudas privadas.

Que rompamos peras con Alemania si ésta no quiere asumir la solidaridad interregional que tiene Vermont con Arkansas o California con Missouri. Asumámoslo: no podemos seguir el ritmo del avanzado de la clase cuando siempre hemos sido de aprobado raspado. Arrastramos un problema endémico de competitividad, de innovación … llevándolo al esperpento, nuestros mayores casos de éxito con proyección internacional fueron la Compañía de Jesús hace casi 500 años, y recientemente el Opus Dei, junto con algún “campeón” exmonopolístico del Ibex 35. Penamos bajo la maldición del “¡que inventen ellos!”.

¿Un calvario fuera de la UE?, puede, pero lo que sea con tal de comenzar a generar empleo algún día a través de una devaluación que nos saque de tierra de nadie.

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