Para gustos, el cine…pero yo sigo sin entender nada

No conozco a nadie que tenga una pistola, nunca he presenciado un tiroteo ni he visto un muerto en plena calle. Así de apacible es mi realidad, por fortuna. Tampoco tengo un vecino asesino en serie que se entretenga dejando pistas a la policía como si el muy gilipollas estuviera deseando que lo detuvieran. Y sin embargo está bastante claro que el rollito este de la violencia, las persecuciones y las explosiones fascina a la gente, porque gracias a eso hace caja el género de “acción”, igual que el sadismo llena las salas para ver Saw o Seven, y esto es lo que no comprendo.

En nuestro día a día lo normal es que te cuenten que un colega se ha quedado en paro, que una pareja tiene dificultades porque la adopción de un niño no ha resultado ser tan fácil como esperaban, que en el trabajo te destinan a otro país y tengas que adaptarte, o que de repente te ha dado un flechazo que pone patas arriba tu relación. Eso es la vida. No reniego de picos de la historia del cine como Pulp Fiction o Taxi Driver, pero son excepciones en unas categorías pobladas por psicópatas en las que generalmente los argumentos son siempre clones, un pretexto para encadenar escenas generosas en pólvora.

Para hacer peliculones como La vergüenza, Juno, El Cielo sobre Berlín, El lector o Los lunes al sol, por decir algunas, hay que tener una historia que contar, y eso es mucho más complicado que derramar litros de sangre en pantalla.

Sé que seguiré viendo pistolas que apuntan al espectador en los carteles de reclamo para los restos, pero al menos me reservo el derecho a declararme ajeno a todo eso.

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