Verano, tiempo de cañas

La noche más corta se merece la cerveza más fresca, y qué mejor que sentarse en una terraza y charlar con los amigos de todo un poco (entrada patrocinada por Cruzcampo :-D), ahí van algunos temas para la tertulia:

¿Será cierto que los países del sur están peor predispuestos al capitalismo?, se lo preguntaba Max Weber hace 100 años, y lo trata de explicar Hernando de Soto hoy en día.

Pero, en cualquier caso… ¿no es quizá el sistema lo que falla, y las economías más laboriosas deberían echar un poco el freno? (por el bien del planeta y por la felicidad de sus ciudadanos, deberíamos convencer a chinos y alemanes para que disfruten aún más a menudo de una caña en una terraza de verano), la viabilidad y necesidad del decrecimiento las han estudiado Serge Latouche o Tim Jackson, y se ha modelizado para el caso de Canadá, demostrándose que un descenso en los niveles de consumo y una redistribución más equitativa de la carga de trabajo no conduciría inevitablemente al colapso de la economía, sino que, por el contrario, nos llevaría a una sociedad más sostenible y justa.

Al fin y al cabo con el dinero pasa como la cerveza: por encima de un mínimo que te apague la sed menos no es igual a peor …y si estos temas parecen muy marcianos, siempre se puede hablar de las últimas reflexiones de Belén Esteban :-P

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El valle de Kondratiev

El angosto, profundo y sombrío valle de Kondratiev no responde al topónimo de algún lugar de la lejana Siberia. Este valle es quizá el punto en el que nos encontramos en la curva trazada por los ciclos largos de la economía, en el mejor de los casos, o, en el peor de ellos, será el punto hacia el que vamos, pues aún habría recorrido para seguir descendiendo.

Kondratiev describió sus ciclos a nivel global, yo sin embargo voy a pasar a hablar del nivel local: tras el rescate de hoy, llevado a cabo con “sabadidad” y alevosía, me han llenado de congoja los artículos sobre los posibles precios a pagar por tal operación, sólamente he encontrado uno con final reconfortante.

Xavier Vidal-Folch apunta a la posibilidad de que de esta crisis salgamos reforzados, como ha ocurrido otras veces en el pasado. Es la lógica de la poda: se quita lo superfluo para que la planta brote en primavera con más vigor. Bonito optimismo, pero… ¿de verdad lo que estamos quitando era superfluo?, ¿y nada de lo que permanece debería en realidad haberse tirado como lastre?.

El gobierno no se atreve a meter mano a las duplicidades de las CCAA, las Diputaciones, o las n universidades, pero ha acabado con OPTI- el observatorio de prospectiva tecnológica e industrial, una atalaya desde la que se tratabsn de vislumbrar tendencias y nichos para nuestro sector secundario/exportador.

¿No es más parecida la respuesta que se está dando a la de alguien que, ante una ola de frío quema sus libros y muebles, sin preocuparse de tapar las fisuras por donde escapa el calor de su casa?.

De este valle no se escapa porque sí, por el mero discurrir del tiempo. Se debe navegar por aguas peligrosas siguiendo una orientación clara y estudiada, respondiendo a un plan. De momento este plan, de existir, parece ser que pasa por salvar a esa parte del sector bancario que peor lo ha hecho, en detrimento de las entidades competidoras que se ajustaron al sentido común, pero que ahora sufren la desventaja competitiva de ver cómo los peores de la clase pasan también de curso.

Dejar caer a las cajas cuyos balances no cuadran porque no pueden digerir el empacho del ladrillo sería malo para sus clientes, pero hacerlas vivir artificialmente como bancos zombies es malo para el conjunto de la ciudadanía, que va a tener que pagar el precio que ponga el FMI y la Comisión, y si no, que se lo pregunten a nuestros primos: portugueses, griegos e irlandeses.