Madrid… ¿ciudad olímpica?

¿A la tercera va la vencida?.
Nadie lo dice abiertamente, pero es tan obvio… los grandes acontecimientos deportivos tradicionalmente han servido para dar la bienvenida a los países al “primer mundo”:

Olimpiadas: ;
Colofón del milagro económico alemán: Múnich 1972; consagración del tigre asiático: Seúl 1988, integración de España en la Comunidad Ecónomica Europea: Barcelona 1992; eclosión de los BRIC: Pekín 2008 y Río de Janeiro 2016.

Mundiales de fútbol: ;
España 1982, Sudáfrica 2010, o Brasil 2014

Son arcos triunfales que se cruzan al entrar al club de los “desarrollados”, entendido esto desde un punto de vista puramente capitalista (no hace falta ser un régimen democrático para llevarse el gato al agua: véase Berlín 1936, o Pekín 2008). Existe una excepción a esta “regla de los nuevos ricos”, y es que de vez en cuando los países de la aristocracia económica se encaprichan, y celebran un Atlanta 1998, o un Londres 2012, pero le suelen poner menos ganas, y la cosa queda menos lucida. En esta clave se puede interpretar la candidatura de Tokio para 2020.

En conclusión, a pesar de todas las virtudes de nuestra ciudad, lo que pesa es la política: no es una decisión objetiva sino arbitraria, por mucho que se quiera maquillar.

En este sentido no deja de ser paradógico que este verano celebre las Olimpiadas Gran Bretaña, mientras mantiene tropas en Afganistán, pues con el pretexto de la ocupación por la URSS de este mismo páis, los británicos boicotearon -junto con todo el bloque occidental- los juegos de Moscú 1980… en definitiva, pura política.

Madrid quiere seguir sacando pecho, pero nuestro país no es ni un nuevo rico, ni un rico de toda la vida… estar en medio es perjudicial para este propósito.

Ojalá me equivoque (al fin y al cabo vivo del sector de las infraestructuras), pero en esta quiniela apuesto por Estambul.