Planificación vs. liberalismo

Estamos a finales del s. XIX, el Estado es débil, recauda pocos impuestos y por tanto es incapaz de emprender las grandes inversiones necesarias para el bien de los ciudadanos: obras hidraúlicas y nuevos ferrocarriles sobre todo (y no digamos servicios sociales… ese vacío lo llena parcialmente la iglesia). Se confía entonces en la iniciativa privada, pero la mano invisible actúa estúpidamente: se tienden cientos de km de vía hacia ninguna parte. Además, la obtención de concesiones se basa en tramas de corrupción que llegan a los estamentos más altos. El resultado de esta burbuja ferroviaria se plasma en un conjunto de redes inconexas y deficitarias que después de unas décadas han de ser rescatadas por el estado mediante la creación de Renfe en la posguerra.
100 años después, la burbuja inmobiliaria se basa en los mismos errores: el estado como agente pasivo que deja la generación de suelo urbano a la ciega y avariciosa mano invisible. Las competencias en urbanismo -en manos de las CCAA- se ejercen otorgando discrecionalmente aprobaciones a los planes generales y parciales de los municipios que son de su cuerda, sin coherencia con nada parecido a un instrumento de planificación territorial. Para mayor daño, los trámites de transformación del suelo son lentísimos, lo que alimenta el crecimiento de la burbuja por un efecto de inercia que lleva a valorar a precios de mercado sobrecalentado toda la nueva oferta que se estaba horneando, sin considerar la previsible saturación del mercado y menos aún el imprevisto desplome de la demanda por factores exógenos (el cisne negro de la crisis crediticia de 2008).
Así llegamos a los cientos de miles de viviendas construídas y vacías, y miles de hectáreas en urbanizaciones sin edificar, que pesan como un lastre insalvable en los balances de los bancos, remisos a actualizar la tasación de estos activos heredados de promotoras quebradas y de particulares desahuciados… porque esto les obligaría a tener que recapitalizarse en una cuantía 10 veces superior a la que el pasado miércoles dictó Europa.
¿Una historia inevitable, o el fruto de una irresponsable falta de control y de planificación?
Como decía Francisco Javier Ayala-Carcedo, es una falacia asegurar con resignación que las catástrofes naturales son inevitables e imprevisibles: efectivamente es imposible saber cuándo va a suceder un terremoto, o una inundación, pero las herramientas científicas nos permiten saber perfectamente dónde y con qué recurrencia pueden ocurrir, y cómo serían sus efectos.
Hoy pagamos las consecuencias de la falta de diversificación de la economía nacional, y parece que seguimos sin respuesta a la típica pregunta: España, ¿qué quieres ser de mayor?… saberlo, elegirlo, requiere reflexión, un objetivo, en definitiva, un plan impulsado por una voluntad política que brilla por su ausencia ahora que estamos en campaña.
No reclamo una economía dirigida como la que en los años del franquismo elaboraba planes quinquenales, trazaba polos de desarrollo y engordaba monstruos deficitarios bajo el amparo del INI, pero sí echo de menos incentivos a la economía productiva: apostar sobre todo por la industria cualificada creando el marco adecuado. Alrededor de la industria hay ingeniería, hay investigación, pero sobre todo hay exportación.
En los “buenos” tiempos había cosas muy chocantes desde mi punto de vista, y lanzo un par de ejemplos:
1/ Llevábamos 15 años ejecutando más obra que muchas de las grandes economías, y todo ello mediante maquinaria Komatsu, Liebherr, Caterpillar… no habíamos sido capaces de desarrollar una tecnología propia en tuneladoras y sin embargo llegamos a ser el país donde mayor número de ellas estaban siendo empleadas simultáneamente (japonesas, por supuesto).
2/ En 2008 llegué a participar en un concurso basado en construir viviendas en los terrenos de una factoría de motores navales en Manisses, las máquinas habían sido vendidas a Corea, y los trabajadores… ¿os acordáis de “Los lunes al sol”?.
Como ejempo positivo fijémonos en una cifra muy elocuente: Navarra y País Vasco, donde las políticas públicas de vivienda paliaron el efecto de la burbuja, gracias a contar con unas economías industriales netamente exportadoras tienen hoy un desempleo del 13%, mientras en otras regiones se llega al 29%.
Para salir de ésta ni siquiera hay que ser genialmente innovadores, basta con fijarse en los modelos económicos que en otros sitios ya funcionan, y evitar la tentación de tropezar de nuevo en la quimera de la rentabilidad rápida sin base sólida.
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4 pensamientos en “Planificación vs. liberalismo

  1. Totalmente de acuerdo con tu post. Últimamente estoy algo pesimista, así que empiezo a creer que va en nuestros genes la visión "corto placista" y de prioridad a lo urgente frente a lo importante. A menos que nos dejemos asesorar por personas inteligentes con amplitud de miras, que alguna debe haber en este gobierno como en todos, de este agujero no salimos. A nivel particular ¿que podemos hacer?

  2. ¡Buf!, interesante pregunta María… se me ocurren respuestas que dependen de la capacidad de influencia de cada uno, claro:Si estás en la administración, un gran aporte desde el punto de vista "macro" sería señalar la necesidad de planes estratégicos a largo plazo, y en la escala "micro" premiar en los pliegos de las licitaciones los procesos constructivos innovadores, que resuelvan el "hacer más con menos", nuevos materiales, etc. Sin olvidar el reivindicar una vez más que primen los criterios técnicos (análisis coste-beneficio, estudios de demanda, etc.) para identificar las inversiones prioritarias (y denunciarlo cuando no se actúe así).Desde la empresa privada lo mismo: en nuestro campo la innovación se plasma proponiendo soluciones técnicas que puedan llegar a exportarse, o fórmulas de financiación innovadoras en PPP… (somos fuertes en gestión de concesiones)Si la crisis te ha cogido de lleno, como a mí, te digo que trato de meterme en una crisálida para reinventarme y salir ofreciendo racionalidad para afrontar otros problemas que no tengan que ver con las OOPP… no es fácil, pero hay que identificar nuevos campos de futura demanda.Desde el punto de vista del consumidor, en igualdad del resto de parámetros (calidad, precio) deberíamos premiar la RSC de las industrias a las que compramos, la producción local, y la innovación.Como último apunte, ya que te noto realmente concienciada, ¿te has planteado implicarte en política?… siempre hará falta gente con sentido común que quiera aportar. Eso sí, hay mil barreras:-quizá te pasa como a mí (la falta de identificación con un partido concreto)-el blindaje de los partidos frente a propuestas externas-las cualidades necesarias para influir dentro de sus aparatos, (que no siempre son virtudes) etc. etc. etc.Un saludo y ánimo, este país ha logrado hacer avances admirables en las últimas décadas, seremos capaces también esta vez de salir de esta coyuntura ¿no crees?.

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