…a vueltas con la jubilación

Madrid, enero de 2041.
Cumplo 65 años, pero evidentemente no me puedo jubilar; pasé demasiado tiempo estudiando, y las crisis de 2009 y de 2025 me dejaron una temporada en paro, con lo cual no he cumplido con esos 40 años mínimos de cotización.
Tal y como predijeron los gurús, mi generación no pudo mantener el nivel de vida de las precedentes, efectivamente: mi salario no me ha permitido grandes alardes. Comencé como casi todos, mileurista tras acabar la carrera, y he acabado ganando unos 35.000 yuanes al mes, que creo son aproximadamente equivalentes a aquellos 1.000€ de mi primer salario de 2002. Afortunadamente, conseguí concertar con un banco, en un alarde de irresponsabilidad mutua, un crédito hipotecario para meterme en un piso allá por 2007, que al día siguiente de la entrega de llaves comenzó devaluarse (realmente nunca valió lo que el banco y yo convenimos pagar a la promotora). El año pasado el piso aún no lo había terminado de pagar, es lo que tienen las hipotecas a 40 años, pero en todo caso era lo único que poseía… casi casi mío; la huchita en la que poco a poco había ido recogiendo, a base de privaciones, todo mi ahorro.
Como ni de coña voy a tener una pensión medianamente digna (ya me lo advirtieron)  hice unas macabras cuentas y en consecuencia puse el piso en venta. Hace seis meses lo conseguí vender, y me fui a vivir a un  apartamento compartido, con otro par de “jóvenes” de sesentaitantos, de historias paralelas.
Ahora cada día que saco dinero en el cajero contemplo aturdido la cuenta atrás: la de mi vida, y la de mis ahorros… no sé si habré calculado bien: ganarle el pulso al tiempo y llegar a agotar las reservas sería agridulce: vivo, pero en la indigencia… y palmarla antes de lo previsto sin haber dejado la cuenta a cero no me haría tampoco mucha gracia, porque el banco al que le he estado pagando durante 40 años no merece este último regalo.
¿Te ves reflejado? ¿puede ser el caso de alguien de tu generación-la maldita barra del 75-76, la más larga de la pirámide?… entonces, ¿por qué no nos hacemos oir ahora que se debate nuestro futuro?